La palabra sostenibilidad es un término que ya aparece en todos los diccionarios de las distintas industrias, y cuyo significado se entiende como la implementación de prácticas transversales, desde los procesos de producción, hasta la selección y uso de materias primas.

En el segmento de la construcción, el uso de madera para los proyectos constructivos está aumentando — según cifras de diversas entidades e instituciones — por la cuota sostenible en términos de disminución en la emisión de carbón, generación de residuos, y por ser un material que entrega beneficios como ahorro de tiempo en levantar estructuras o la posibilidad de crear diseños diferenciales.

Sin embargo, como cualquier recurso natural, su extracción u obtención, conversión, instalación y uso final conlleva un costo energético que afectan directamente al medio ambiente. De acuerdo con la publicación ‘En madera otra forma de construir: el material constructivo del siglo XXI’, de la la ONG internacional FSC, ubicada en España, y dedicada a promover la sostenibilidad integral de proyectos forestales, “una de las metodologías que hacen posible evaluar la sostenibilidad es el análisis de ciclo de vida. Se trata de un sistema de contabilización de impactos ambientales representados por indicadores que permite valorar y comparar productos, materiales e incluso edificios enteros”.

El texto de la FSC advierte, además, que “el ritmo de consumo actual está agotando los recursos naturales no renovables del planeta y poniendo en peligro el ciclo de reposición de muchos de los que sí se consideran renovables”. En ese sentido, la sostenibilidad va más allá del uso de materiales que en su composición involucren la menos cantidad de agentes contaminantes, y llega hasta la misma fabricación de los materiales de construcción.

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Garantizar la sostenibilidad

De acuerdo con la Unión Europea, la construcción y producción de materiales representa hasta un 35 % de las emisiones de efecto invernadero de la Unión Europea. La madera naturalmente es una fuente de dióxido de carbono (CO2), pero cuando se transforma en material de construcción es una cascada del efecto invernadero.

Ahora bien, si su uso se ciñe a estándares como el de Cadena de Custodia, de Bureau Veritas, es una acción contra el cambio climático.

Existen tratamientos puntuales aciertan en un uso sostenible, explica el documento de la FSC; cuando no se la impermeabiliza tiene efectos positivos en el medio ambiente y no afecta la salud de quien habite esos espacios, “como la regulación de la humedad por absorción y expulsión de vapor de agua, o la limitación de las emisiones de compuestos orgánicos volátiles”.

Si de eficiencia energética se trata, en la demanda, consumo y gestión garantiza un proceso sostenible. “El primero significa necesitar poco calor o frío, el segundo implica la utilización de instalaciones óptimas en energía consumida/aportada y el tercero se basa en una operación de los sistemas para el máximo confort y consumo mínimo”, detalla el texto.

Consulte el análisis de la FSC.

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