Gracias al Programa “Plomero Profesional Pavco”, esta joven caleña pero bogotana de adopción, es hoy ejemplo de lo lejos que se puede llegar cuando se juntan la pasión y la preparación. Toda una profesional en un oficio que se creía reservado para hombres. “Colombia necesita más mujeres plomeras. Se equivocan quienes piensan que este es un trabajo exclusivo de machos”, dice.

De sus 30 años de edad, Jennifer Erazo ha dedicado casi diez a la plomería, un oficio que le corre por la sangre, como ella misma dice.

“La plomería siempre ha estado en mi genética. Mi abuelo fue maestro de construcción y mi papá plomero. De niña él me llevaba los sábados a las obras; a veces jugaba, pero de pronto estaba más pendiente de ver lo que mi papá hacía, y así me fui metiendo en el cuento”, relata esta caleña, la segunda de tres hermanas, casada y con un hijo de 13 años quien le sigue los pasos. Se considera rola de corazón, pues vive en Bogotá desde niña.

Cortar tuberías, reparar o soldar se convirtieron pronto en temas de su dominio de manera empírica. “Así fui descubriendo que me encanta trabajar con tubos de diámetros grandes, de tres pulgadas en adelante, es como un reto para mí”.

Muy rápido se familiarizó con términos propios del oficio, como cambio de juntas en los grifos, sustitución de colillas en las uniones de grifos y tuberías o la limpieza de los drenajes. Y sin aún ser adolescente ya sabía para qué sirven el soplete, la llave inglesa, el desatascador, el cáñamo, corona para desagües o el estropajo de aluminio.

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Jennifer es una de las pocas mujeres, alrededor de cinco, que en Colombia han recibido el título de plomero profesional en los 8 años que lleva el programa, y que a la fecha ha graduado cerca de 4.500 plomeros. Lo obtuvo en octubre de 2016, gracias al programa de certificación por competencias creado en 2009 por la empresa Pavco en alianza con el Sena. Este año, la capacitación llegará a 13 ciudades del país y a más de 700 plomeros y fontaneros, quienes, como Jennifer, podrán acreditarse como competentes en labores de Instalaciones Hidrosanitarias e Instalación de Redes de Agua Potable, Desagües y Contra Incendio; e instalación de redes de acueducto y alcantarillado.

Tener dicha certificación le ha cambiado para bien la vida a ella. “Este título me da seguridad a mí y tranquilidad a mis clientes. Es un respaldo muy grande a mi trabajo. Es un plus que uno debe tener para marcar la diferencia y realmente ser competitivos. Eso da credibilidad”.
“De hecho, -agrega- aún persiste la idea errónea de que es un trabajo de machos, y eso viene de los mismos hombres. Pero cuando ven mi desempeño me han dado hasta propina”, dice entre risas.

Se siente bendecida con esta oportunidad. “Pavco ha sido como esa familia nueva que nos acogió no sólo para capacitarnos, sino más que nada para permitirnos crecer como personas y laboralmente”, cuenta.

Y es que los conocimientos adquiridos por Jennifer han sido fundamentales en la empresa Servipronto, que creó con su esposo en Bogotá y desde la cual prestan asistencia 24/7 a empresas aseguradoras para atender clientes ante cualquier eventualidad en materia de servicios domiciliarios.

Actualmente operan con cinco empleados y desde hace seis meses también en Bucaramanga. El sueño de Jennifer es seguir aprendiendo, expandir su empresa a nivel nacional e involucrar a más mujeres en estas labores. “Quiero que ellas sepan que también pueden. A mí me gusta lo que hago porque es mi pasión, y con pasión uno llega donde quiere”, finaliza.

Realizado por: Alex Velásquez