A finales de cada año, siempre se empiezan a construir y estructurar todos los análisis y pronósticos del futuro año respecto al comportamiento del sector constructor, entendiendo, que éste es uno de los grandes motores de la economía del país y sobre el que se fundamenta una fuente de empleo considerablemente inmensa, en este sentido, el año 2017 no fue la excepción.

Se pronosticó un 2018 con dificultades durante el primer semestre pero finalmente un año prometedor y mucho mejor que su antecesor, con un crecimiento estimado de 2,8 %. Hoy con certeza podemos decir que no es el año que todo el sector constructor esperaba, la incertidumbre de las elecciones pesó considerablemente y solo a partir del segundo semestre podremos evidenciar una leve mejoría que nos permitirá un máximo crecimiento de sector del 1,3 %.

Para el segundo semestre se espera una recuperación teniendo en cuenta las señales positivas del contexto.

Ahora tenemos que pensar en el 2019 como el año de la recuperación, entendiendo que somos un sector dinámico y que estamos obligados a reinventarnos desde los diferentes roles que jugamos.

La inestabilidad del dólar se está apalancando; los precios del petróleo se están estabilizando a corto y mediano plazo, esto genera beneficios que redundan en crecimiento del sector; la credibilidad en políticas estatales que sean garantes de la inversión nacional y extranjera; el poder adquisitivo y la capacidad de compra, Son elementos que sin lugar a dudas movilizarán la economía del sector a crecimientos importantes en el 2019, pero esto no es sostenible en el tiempo si no hay
cambios significativos en los modelos del sector constructor .

Las ciudades están cambiando y ya el suelo disponible es más escaso, los estratos medios, crecen considerablemente, las unidades familiares cambian constantemente y los millennials quieren adquirir bienes, hay que humanizar las VIS y las VIP, la Renovación Urbana puede ser el camino de reinventar la forma de habitar… en fin, estos y otros son los grandes retos que como sector tenemos y que estamos obligados a asumir de manera responsable para oxigenar ese motor que dinamiza la economía pero que también siempre se ha sentido como el gran corruptor social.

Claro que si hablamos de lo que nos espera como país para el próximo año, no podemos dejar de lado todo lo que se está cocinando en la región, y es que América Latina está pronosticada a crecer a un ritmo sostenido del 2,6 % entre el 2018 – 2020, que si bien son cifras importantes para la economía, la verdad es que creceremos en una línea menos pendiente que Asia, Europa y otras mercados emergentes. Dichos crecimientos enmarcan los esfuerzos de diferentes industrias pero
es evidente que el sector constructor definirá el avance y sostenimiento de dichos crecimientos, en la medida en que el tema de infraestructura cobra una vigencia futura y actual y será, claramente, el predictor del éxito de la región, permitiendo conectividad a todo nivel, con regiones internodales, afianzando la movilidad que hoy día no permite un intercambio de avanzada con los mercados de otros hemisferios.

Es así como los retos del 2019 en el escenario regional, invitan a redefinir y rediseñar las políticas de inversión en lo que respecta a infraestructura vial, aeroportuaria, portuaria, proyectos energéticos y de esta forma hacer la argamasa para que América Latina genere crecimientos sostenidos al ritmo de Asia a partir del 2020.

Por lo pronto podemos decir con total certeza que el 2018 NO ES el Año de la Resurrección, ni para Colombia ni para la Región, pero que seguramente el 2019 será el año de los buenos negocios, con la antesala de lo que se viene haciendo desde diferentes frentes

Por: Marcela Fernandez Vallejo, Gerente canal revista en obra contratistas.